¿Qué
sentís cuando pensás en la paz?
¿Deseos
de quedarte allí relajado, tranquilo, sereno?.
¿Sentimientos
de amor por los demás y lo que te rodea?.
¿Tenés
esperanzas, proyectos, propósitos que te llenan de felicidad?
Esa es tu paz
interior.
No
es fácil compartirla.
A
veces se da el milagro con otra persona o con varias, en un grupo.
Compartiendo
esa vivencia, alrededor de una idea, un proyecto o con la sensación de estar
unido a todo.
Podés
desear paz a alguna persona determinada que pensás que no la tiene en ese
momento o a varias o a un grupo que quizás la necesita.
Esto lo puedes hacer
estando solo.
Pero
tu presencia activa no debe ser sólo silenciosa.
Porque
existen palabras para transmitir tu paz, que deben ser cálidas, serenas,
afectuosas.
Tu
actitud y tus gestos deben ser también acogedores.
Tus
actos deben mostrar tu disposición a participar, a colaborar, a ayudar, mostrándote
feliz y tratando que los demás también
lo sean.
La paz es un valor,
un valor humano.
Lo
es para vos, para los demás, para los que te rodean, para tu entorno.
Si
sos feliz cuando te realizás, cuando has logrado algo que deseabas, lo serás más
aún cuando veas al otro realizarse, cuando veas a tu familia y a los que la
componen y también a los demás, amigos, compañeros, cercanos o lejanos, cosechando logros y ayudando a que otros también los alcancen y disfrutando la alegría
de que así sea.
Porque
la paz es un valor humano, que está unido
a muchos otros valores, necesarios para que, finalmente, la paz esté presente en
nosotros, en los demàs, en el entorno y también en la Tierra, nuestro, a veces
olvidado, herido y lastimado, planeta.
Pero
nos queda la esperanza. Nos queda el comprometernos para lograr un cambio.
Busquemos,
entonces, la paz en nosotros, para compartirla y difundirla.
Éste
es un buen momento...